lunes, 10 de septiembre de 2007

Plaza de Armas en risas


Rodeados por una multitud de personas, en frente de la Catedral, encontramos a tres humoristas callejeros que con su picarezco humor, hacen explotar muchas carcajadas en su público.

Día viernes 10 de agosto, 15:20 horas. El día está levemente nublado, a ratos, se dejan ver algunos rayos de sol. En la Plaza de Armas, al frente de la Catedral, una multitud de gente--escolares con sus mochilas en la espalda, señoras con las bolsas de Pre-Unic en sus manos, oficinistas de abrigo y corbata, un barrendero con su tarro de basura y su escoba, vendedores ambulantes con sus mercancías en mano--estalla en carcajadas, luego mantiene un silencio, para después explotar en grandes risas nuevamente.
A los siete minutos de la rutina, uno de los comediantes comienza a molestar a su compañero con una supuesta homosexualidad, lo que genera un espontáneo griterío de la gente, que se multiplica en la turba, transformándose en un solo sonido que suena al unísono, diciendo: "uuuuuyyyyy". En ese instante, un joven, que se encontraba dos cuerpos más hacia mi derecha, comenzó a gritarle a los artistas, por lo que éstos no dudaron y ocuparon 30 segundos de su rutina en ridiculizar a esta muchacho, dejándolo en vergûenza frente a toda la multitud presente. En un principio, la reacción de éste fue reírse, para luego, tornar su carad e un color rojizo, y poco a poco, hundir su cabeza entre sus hombros, eso sí, nunca dejando un intento de sonrisa, supongo, para no verse tan humillado y ridiculizado ante todos.
La experiencia y la costumbre de trabajar hace tanto tiempo en la plaza, también ayuda a las rutinas de estos famosos personajes del lugar. Ya que, en un momento determinado del show, la campana de la Catedral comenzó a sonar. Cosa que es normal cada una hora, hasta que uno de estos hombres--vestido con un jeans azul claro, una camisa celeste, que se asoma por el cuello de un chaleco verde agua con líneas blancas horizontales y unos zapatos negros-- saca su celular, apunta hacia la cúpula del temploy aprieta un botón, simulando un control remoto, justo en el preciso momento en que la campana deja de sonar, logrando la más fuerte y larga carcajada de la multitud. Tras 25 minutos de chistes, risas, ridiculizaciones y gritos, estos artistas de la calle y maestros del humor, agradecen a su público y comienzan un discurso ya conocido por muchos de sus espectadores, en el cual, piden una cooperación monetaria para poder llegar con el pan de cada día a sus casas.

Recuerdo de mi barrio: La villa Olímpica

Creada con el fin de acoger a los mundialistas del año 1962, se levanta a un costado del Estadio Nacional de Chile, la famosa villa Olímpica.
El sector en el cual nací, es sin lugar a dudas el más significativo en mi vida. La villa Olímpica, específicamente Lo Encalada 1263 block 11 departamento 13. Mi barrio, o mejor dicho, manzana, estaba formada por muchos blocks, una plaza detrás de todos estos, un quiosco y una cancha de fútbol. En el tercer piso de mi edificio vivían mis primos, de mi misma edad, con los cuales salíamos a recorrer el sector y así fuimos conociendo de apoco donde vivíamos. Con el tiempo comenzamos a compartir con otros niños de nuestra edad, y formamos un grupo con el que jugábamos a toda hora.
En invierno el lugar era demasiado frío y poco acogedor, ya que las lluvias provocaban un barro que no dejaba salira las calles, por lo que se estaba obligado a protegerse en las casas, aburridos y con frío, ya que los departamentos eran bastante húmedos. Debido a los árboles, el invierno era muy oscuro, ya que los poco de sol que había era tapado por las altas ramas, las cuales también servían como protección contra la lluvia que azotaba las caminatas desde el furgón escolar hasta la puerta de la casa.
Cuando llegaba laprimavera, todo era más alegre, tanto por el paisaje y porque los niños salían a las calles a jugar, lo que provocaba que el barrio se llenase nuevamente de ruidos, los que hacían revivir luego del crudo invierno. Al lado de mi ventana, recuerdo que había un Damasco, el cual, a mediados de noviembre comenzaba a dar sus frutos por lo que mi pieza estaba siempre con un olor muy particular de esa fruta. Ese olor me acompañó toda mi infancia, hasta los diez años, período en el que me cambié de casa. Otro olor que recuerdo, era el de los veranos. Todas las tardes el jardinero, salía a regar el patio, y mientras nosotros jugábamos, expelía un olor a tierra mojada, que a mí me encantaba, tanto me gustaba que me daban ganas de comerme la tierra. También recuerdo que había un olor no muy agradable, que era cuando cortaban el pasto del parque que estaba detrás de mi edificio. Un olor a pasto recién cortado que hacía que no dieran ganas de salir a jugar o divertirse con los amigos.
En el año 2000, por asuntos de comodidad, me cambio con mi familia al centro de Santiago, para vivir más cerca del colegio.